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La Verdad Sobre el Matrimonio

7/29/2015

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LA VERDAD SOBRE EL MATRIMONIO.

(Segmento traducido directamente del libro “TRUTH OVERRRULED”, escrito por Ryan T. Anderson.)

                Con su decisión en Obergefell v. Hodges la Corte Suprema de los Estados Unidos ha traído la revolución sexual a su ápice - una redefinición de la institución primordial de nuestra civilización, eliminando todo enlace a la procreación y convirtiendo las diferencias de sexo en algo sin ninguna importancia. Estamos ahora caminando dormidos hacia una revolución cultural y social sin precedente alguno. Una verdad reconocida por miles y miles de años, ha sido anulada por 5 jueces, no elegidos por votación. Las consecuencias se extenderán mucho más allá que las parejas que han sido autorizadas a obtener una licencia de matrimonio debido a esta decisión.

            Si la ley enseña una falsedad acerca del matrimonio, entonces será aún más difícil poder vivir la verdad del matrimonio. Como materia de principio, basados en estas nuevas normas matrimoniales, no hay razón ninguna por la que el amor entre dos adultos en mutuo consentimiento sea permanente o limitado a dos personas, mucho menos que sean sexualmente exclusivos. Y así, a medida que la gente interiorice esta nueva visión del matrimonio, éste dejará de ser menos y menos una fuerza estabilizadora. Mientras menos gente viva las normas matrimoniales, menos gente recibirá los beneficios de la institución del matrimonio - no solo los esposos, pero también los hijos. ¿Cómo puede la ley enseñar que los papás son esenciales, por ejemplo, si los ha hecho oficialmente opcionales?

            La esencia del matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, se ha convertido en una verdad desagradable para muchos. Ciertamente, existe un serio atentado en progreso para definir la oposición al matrimonio homosexual como nada más que una intolerancia fanática e irracional. Si este atentado tiene éxito, ésto se convertirá en la más seria amenaza a los derechos de conciencia y libertad religiosa en la historia de los Estados Unidos. ¿Seremos los que  defendemos el matrimonio tradicional  tratados como intolerantes? ¿Será posible que nuestra sociedad y nuestras leyes traten a los estadounidenses que creen en el matrimonio entre un hombre y una mujer como si esto fuera el equivalente moral al racismo?

            Grandes sabios y pensadores a través de la historia de la humanidad - y desde toda comunidad política hasta alrededor del año 2000 - creyeron que era razonable y correcto el ver el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. Ciertamente, este criterio sobre el matrimonio ha sido algo universal en la humanidad. Ha sido compartido por las tradiciones Judía, Cristiana y Musulmana; por los sabios Griegos y Romanos, aún sin ser tocados por ninguna de las tres religiones anteriores; y por los filósofos de la era de los Iluminados. Ha sido afirmado por el derecho canónico, así como también por las leyes civiles y comunes.

            Las prohibiciones del matrimonio inter-racial, en contraste, fueron parte de un insidioso sistema de subordinación y explotación racial que negaba la igualdad y la dignidad de los seres humanos y forzaba la separación de los ciudadanos basándose en diferencia de raza específicamente. Cuando estas prohibiciones aparecieron inicialmente en las colonias Americanas, eran inconsistentes no solo con la ley común de Inglaterra, sino también con las costumbres de toda cultura previa a lo largo de la historia humana.

            En cuanto a la Biblia, esta no presenta al matrimonio en relación a raza, sino que insiste en que el matrimonio tiene todo que ver con la complementariedad de sexos. Desde el principio del Génesis hasta el final de Apocalipsis, la Biblia está repleta de imágenes conyugales y del lenguaje sobre esposo y esposa. No puede ser que la decisión de una Corte Suprema de mayoría liberal anule la verdad sobre lo que es el matrimonio, el cuál es expresado en la fe, en la razón y a través de la experiencia humana universal.

            Nosotros debemos ahora más que nunca dar testimonio de la verdad del matrimonio con más decisión y habilidad. Debemos encontrar maneras para reconstruir la cultura del matrimonio.


EL CASO “PRO-VIDA”.

¿QuÉ HACER AHORA?    En Enero de 1973, la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos creó un derecho constitucional al aborto en cualquier momento de los nueve meses de embarazo en el caso Roe v. Wade y Doe v. Bolton. A los defensores de la vida (pro-vida) les fue dicho que habían perdido y todo quedó establecido así. La ley le enseñó a los ciudadanos que tenían un nuevo derecho y la opinión pública pronto se movió en contra de los pro-vida por un margen de dos a uno. Pero valerosos pro-vida se pusieron manos a la obra y ahora están cosechando los frutos de lo que sembraron. La generación de hoy es más pro-vida que la anterior. La mayoría de ciudadanos apoyan las políticas pro-vida más ahora que en ningún otro tiempo desde la decisión Roe. Más leyes estatales han sido promulgadas para proteger a los bebés todavía no nacidos que en la pasada década y los pasados treinta años combinados. ¿Qué sucedió? La comunidad pro-vida despertó y respondió a una decisión equivocada de la corte. Intelectuales académicos escribieron libros y artículos apoyando científica y filosóficamente el caso por la vida. Hombres de estado como Henry Hyde, Edwin Meese, y Ronald Reagan construyeron política y usaron el púlpito para impulsar el progreso de la cultura de la vida. Activistas y abogados se juntaron, formaron coaliciones, y diseñaron  estrategias efectivas. Todos ellos, fielmente, dieron testimonio de la verdad.

            Todo lo que el movimiento pro-vida hizo necesita hacerse de nuevo ahora, en esta nueva frontera del matrimonio.


Hay tres lecciones en particular para aprender del movimiento pro-vida:

1. Debemos referirnos a la decisión Obergefell v. Hodges por lo que es: activismo judicial. Así como el movimiento pro-vida exitosamente rechazó Roe v. Wade y expuso sus mentiras en relación a la vida antes de nacer y a la constitución de este país, nosotros debemos poner claro que Obergefell v. Hodges no dice la verdad sobre el matrimonio ni sobre la Constitución de este país.

2. Debemos proteger nuestra libertad de expresión y vivir de acuerdo a la verdad. El movimiento pro-vida logró esto en por lo menos tres frentes. Primero, se aseguró que médicos, enfermeras, farmaceutas y hospitales, nunca tendría que realizar un aborto o dispensar drogas que causen un aborto. Segundo, ganó la batalla a través de la Enmienda Hyde -previniendo que el dinero que proviene de los impuestos de los ciudadanos no se usara para pagar abortos. Y tercero, se aseguró que las personas y las organizaciones pro-vida no serían discriminadas por el gobierno. Las fuerzas a favor del matrimonio (tradicional) necesitan hacer lo mismo: asegurarse que estemos libres de la coerción del gobierno para dirigir nuestras propias vidas, que seamos libres de educar a nuestros hijos, y de operar nuestros negocios y organizaciones de caridad de acuerdo a nuestras creencias -la verdad- acerca del matrimonio. Igualmente debemos asegurarnos que el gobierno no discrimine en contra de los ciudadanos u organizaciones debido a su creencia que el matrimonio es la unión de esposo y esposa.

3. Debemos redoblar nuestros esfuerzos para llevar nuestro caso al público. Tenemos que dar testimonio de la verdad de una manera atractiva y convincente. El movimiento pro-vida logró esto en diferentes niveles. Especialistas en ciencia, leyes, filosofía y teología sentaron las bases del caso pro-vida con investigaciones y escritos en sus disciplinas, mientras que los grupos defensores de la vida apelaron incansablemente al corazón de los ciudadanos Americanos. Las personas pro-vida hicieron más que predicar, lanzando una multitud de iniciativas para ayudar a las madres en embarazos críticos a tomar la decisión correcta.

            Ahora nosotros debemos emplear la razón para hacer un caso sobre la verdad del matrimonio, comunicar esta verdad a nuestros vecinos, y plasmar esta verdad en nuestras familias y comunidades.

            No importa lo que la ley o la cultura diga, debemos comprometernos ahora a ser testimonio de la verdad sobre el matrimonio: que hombres y mujeres son iguales e igualmente necesarios en la vida de los niños; que hombres y mujeres, aunque diferentes, se complementan uno al otro; que se necesita un hombre y una mujer para traer un niño al mundo; que no es intolerancia sino compasión y sentido común el insistir en leyes y políticas públicas que maximicen la probabilidad que los niños crezcan con una madre y un padre.

            Muchos de nuestros vecinos y amigos no han escuchado nuestros argumentos y parecen renuentes a respetar nuestros derechos porque no entienden lo que nosotros creemos. Depende de nosotros el cambiar esa percepción. Nosotros decidiremos en qué lado de la historia estamos.
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A ti Señor me manifiesto tal como soy - San Agustín

7/18/2015

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A ti Señor me manifiesto tal como soy
San Agustín

Conózcate a ti, Conocedor mío, conózcate a ti como soy por ti conocido. Fuerza de mi alma, entra en ella y ajústala a ti, para que la tengas y poseas sin mancha ni defecto. Esta es mi esperanza, por eso hablo; y en esta esperanza me gozo cuando rectamente me gozo. Las demás cosas de esta vida tanto menos se han de llorar cuanto más se las llora, y tanto más se han de deplorar cuanto menos se las deplora. He aquí que amaste la verdad, porque el que obra la verdad viene a la luz. Yo quiero obrar según ella, delante de ti por esta mi confesión, y delante de muchos testigos por este mi escrito.

Y ciertamente, Señor, a cuyos ojos está siempre desnudo el abismo de la conciencia humana, ¿qué podría haber oculto en mí, aunque yo no te lo quisiera confesar? Lo que haría sería esconderte a ti de mí, no a mí de ti. Pero ahora, que mi gemido es un testimonio de que tengo desagrado de mí, tú brillas y me llenas de contento, y eres amado y deseado por mí, hasta el punto de llegar a avergonzarme y desecharme a mí mismo y de elegirte sólo a ti, de manera que en adelante no podré ya complacerme sino es en ti, ni podré serte grato si no es por ti.

Comoquiera, pues, que yo sea, Señor, manifiesto estoy ante ti. También he dicho ya el fruto que produce en mí esta confesión, porque no la hago con palabras y voces de carne, sino con palabras del alma y clamor de la mente, que son las que tus oídos conocen. Porque, cuando soy malo, confesarte a ti no es otra cosa que tomar disgusto de mí; y, cuando soy bueno, confesarte a ti no es otra cosa que no atribuirme eso a mí, porque tú, Señor, bendices al justo; pero antes de ello lo transformas de impío en justo. Así, pues, mi confesión en tu presencia, Dios mío, es a la vez callada y clamorosa: callada en cuanto que se hace sin ruido de palabras, pero clamorosa en cuanto al clamor con que clama el afecto.

Tú eres, Señor, el que me juzgas; porque, aunque ninguno de los hombres conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él, con todo, hay algo en el hombre que ignora aun el mismo espíritu que habita en él; pero tú, Señor, conoces todas sus cosas, porque tú lo has hecho. También yo, aunque en tu presencia me desprecie y me tenga por tierra y ceniza, sé algo de ti que ignoro de mí.

Ciertamente ahora te vemos como en un espejo y borrosamente, no cara a cara, y así, mientras peregrino fuera de ti, me siento más presente a mí mismo que a ti; y sé que no puedo de ningún modo violar el misterio que te envuelve; en cambio, ignoro a qué tentaciones podré yo resistir y a cuáles no podré, estando solamente mi esperanza en que eres fiel y no permitirás que seamos tentados más de lo que podamos soportar, antes con la tentación das también el éxito, para que podamos resistir.
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Mi Padre

6/13/2015

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Mi Padre
por Zenaida Bacardí de Argamasilla

Para mis hermanos, es el que pone  orden en todo. Para mi madre, es el sol de la casa. Para mí, es la persona en quien se puede confiar.

Mi papá es el barco que cambia de velocidad según las circunstancias, pero no suelta el timón ni apaga el motor. Es ese hombre que siempre sabe a dónde va. Es ese hombre que sabe amarnos sin consentimientos, sin empalagos. Es el temor de todo lo que merece reprobación, el impulsor de todo lo que merece estímulo y la recompensa de todo lo que merece un premio.
 
Mi padre tiene el corazón valiente, el alma dulce y la voluntad de acero. Es el previsor de todo lo que todavía no alcanzamos a ver, el rescatador de nuestros apuros y el proveedor de nuestras necesidades.
Es el artífice de las decisiones, el firmante de los boletines y las notas, el jardinero de las flores, el carpintero de todo lo que se descompone. Es fuerte, rotundo, decidido... pero yo lo he visto inclinarse ante mi madre, cerrar la casa por la noche, dejar el dinero sobre la mesa, besarnos después de acostados, y dar gracias a Dios por el amanecer de cada uno.
 
Yo lo he visto año tras año, luchar por el mismo hogar, vivir para los mismos hijos, practicar la misma fe y amar a la misma esposa. Yo lo he visto llorar escondido cuando hay  enfermos, festejar cumpleaños y sonreír cuando estamos felices.
 
Yo lo he visto llegar cansado y repasarnos la lección, dejar a los amigos para vernos jugar a la pelota, llegar la Navidad y no comprar nada para él.  Mi padre es el que firma las cuentas, el que amonesta, da el frente y aprueba o desaprueba lo que pensamos hacer. Es de los que vigila sin presionar, aconseja conversando y critica en broma. Parece un niño cuando juega, un sabio cuando discurre, un soñador cuando proyecta, un maestro cuando ilustra, un filósofo cuando interpreta la vida  ¡ y un hombre de Dios, cuando lo hace pasar primero! Mi padre, cuando tiene un secreto, lo guarda; cuando hace una promesa, la cumple; cuando tiene un amigo, lo conserva; cuando lo agobia una pena, se calla; cuando falla, rectifica, y cuando se ofusca sabe pedir perdón. 

A los hijos se los sube al hombro, sin que le pesen... como si llevara un tesoro.  A la esposa la lleva a su lado como si fuera un don de Dios y la trata como si fuera una rosa. 

Sus responsabilidades las cumple con naturalidad y sencillez, como si fuera el campeón del camino y el soplo del amor. Tiene la particularidad de no agrandarle la cruz a los pesares, de no hacerle crecer espinas a los deberes y de no oscurecer el horizonte por las pequeñas batallas de todos los días. Nunca reclama lo que puso, ni saca a relucir su sacrificio, ni pasa recibo, ni saca cuenta. ¡Con él todo está saldado! 

Estoy seguro de que la mejor madera sale de su tronco, que la mejor pasturita sale de su raíz, que el mejor abono sale de su tierra y el mejor fruto sale de sus manos. No nos trata como a seres perfectos ni como a criaturas imposibles. Nos trata como a seres humanos, con muchas aristas que pulir y muchos defectos que eliminar.

Nos inculca que lo peor de las caídas es no saber levantarse, lo peor del dolor es no saber sufrirlo y lo peor de la vida es no saber aprovecharla. Mi padre nunca le pone escalera libre a los hijos, hasta que no le acaba de pulir bien los escalones. No toma a la ligera la misión de formarnos. No admite en esa tarea ningún abandono, ningún descuido, ninguna laguna, ninguna tregua. Siempre da el ejemplo. Este hombre tan entregado no publica la bondad: es bueno. No hace alarde de sus obras: las ejecuta.

No pregona la justicia: es justo. No dice lo que es el amor: nos ama. 
Este hombre no va recitando la biblia por la calle: va dando testimonio con su proceder. 

No es padre porque nos da el nombre, sino porque se da a sí mismo. No es padre porque paga, sino porque cuida. No es padre porque manda, sino porque conduce. No es padre porque nos engendró, sino porque su corazón nos hace crecer. No es padre  porque estamos bajo su tutela, sino porque nos diferencia el tener del ser, y nos hace “la figura”. No es padre por ser la autoridad en la tierra, sino porque nos hace vivir, a cada uno, el poquito de Dios que llevamos dentro.

Mi padre recibe las penas como si su espalda fuera de roble. Y concibe la felicidad como si siempre pudiéramos alcanzarla. Dice que Dios se la da a todo el mundo, pero en materia prima, y nosotros tenemos que elaborarla; la da en espacios, y nosotros tenemos que darles valor; la da en ilusiones y nosotros tenemos que volar con ellas. 

Se siente creador, transmisor, trabajador y padre. Edifica el alma de los hijos como se construye una catedral: con mucha luz, muchos cristales, aspirando a la cúpula ¡y levantando la cruz!
Mi padre lleva dentro mucha ternura y sabe cuándo darla; mucha experiencia, y sabe cómo aplicarla; mucho aplomo, y sabe cómo comunicarlo.

Y para mí, tiene también mucho de adivino, porque sin decirle nada, siempre sabe lo que nos está pasando.

Mi papá es tan alto, que todos cabemos en su sombra. ¡Mi anhelo es crecer hasta alcanzarlo!
Mi papá es mi máximo, mi “super”, mi héroe, mi único, mi fe.
Mi aspiración es imitarlo, y mi sueño más grande, ¡parecerme a él!

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    Rafael es un miembro activo del MFC-Miami, miembro de su buro directivo y pasado presidente de nuestra organizacion. Junto con su esposa contribuyen de su tiempo a Caca Cana.

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