Movimiento Familiar Cristiano - MFC Miami

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Noticias del MFC Miami


November 18, 2005
Rev. Padre Angel Villaronga Street

El pasado 18 de noviembre del 2005 la Ciudad de Hialeah rindio tributo al +Padre Villaronga. Hizo esto nombrando la calle en frente de la Casa Cana con el nombre del Padre. Este tributo, no muy comun, esta reservado para personas que han sido miembros de la comunidad y han hecho contribuciones al bienestar de esa comunidad, y por su valor son dignas de mencion. En su largo y distinguido apostolado como Sacerdote de Jesucristo el Padre dedico su vida a esta comunidad y al bienestar de sus familias. La Ciudad de Hialeah con este acto honra la memoria de un hombre que aun esta vivo en el corazon de muchos.

Estuvieron presentes alcaldes, familiares, miembros del clero, la prensa y por supuesto muchos de aquellos en cuales corazones esta depositado el bien que hizo Angel Villaronga.  (fotos de ese dia) 

La Prensa Religiosa lo reporto asi...........

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

“Los grandes sacerdotes no mueren”, dijo el P. José Luis Menéndez, sacerdote de la Parroquia Corpus Christi, de Wynwood. “Se convierten en parte de la historia”.

Éste es, sin duda, el caso del P. Ángel Villaronga, el humilde franciscano cuyas apasionadas predicaciones y cuatro décadas de trabajo con parejas casadas ejercieron una gran influencia entre tantos católicos hispanos del sur de la Florida.

El P. Villaronga murió en abril, en un trágico accidente automovilístico, a la edad de 79 años. Miembros hispanohablantes del Movimiento Familiar Cristiano, de los que había sido guía espiritual desde 1963, se propusieron honrar su memoria dándole su nombre a la calle que pasa frente a Casa Caná, el sitio de reunión del movimiento desde 1991.

Ubicada en el número 480 de East Eight Street, en Hialeah, la casa sirve de centro de retiros para parejas (Encuentros Conyugales), picnics familiares y reuniones mensuales que son el núcleo de las actividades de este movimiento laico. El P. Villaronga se dirigía a impartir una charla en Casa Caná cuando ocurrió el accidente que causó su muerte.

El alcalde de Hialeah, Raúl Martínez, satisfizo los deseos de los miembros del Movimiento Familiar Cristiano durante una ceremonia realizada en la sede del mismo, el 18 de noviembre, cuando designó oficialmente como “Father Villaronga Street” el tramo de East Eight Street comprendido entre Eight y Four Avenues.

El alcalde señaló que no es fácil cambiarle el nombre a una calle de Hialeah. El proceso es difícil precisamente para garantizar que los así honrados lo merezcan realmente. En el caso del P. Villaronga, sin embargo, no hubo duda alguna.

“Sí, lo merecía”, dijo Martínez. “Podríamos haberle puesto su nombre a la mayor autopista de Miami”.

“Significó tanto, no sólo en nuestras vidas, sino en las de tantas parejas que lo escuchaban por la radio”, afirmó Melba Morales, quien con su esposo, Arturo, encabezó las gestiones para bautizar la calle con el nombre del P. Villaronga.

Junto con cientos de otras parejas, los Morales le acreditan al P. Villaronga el haber salvado su matrimonio. “Dejó su sello en mi vida”, dijo Arturo. “Lo recordaré como mi maestro durante el resto de mi vida”.

“Esto es algo muy importante para nosotros”, declaró Esther Carballo, que estaba entre los aproximadamente 100 integrantes y ex integrantes del movimiento que asistieron a la ceremonia, junto con los familiares del P. Villaronga, funcionarios de la ciudad, el actual director espiritual del grupo –P. Luis García–, el P. Menéndez y otros sacerdotes de la Arquidiócesis.

Se encontraba también presente el P. Juan Rumin Domínguez, sacerdote franciscano de la parroquia San Antonio de Miramar, de La Habana, donde sirvió el P. Villaronga antes de ser expulsado de Cuba al inicio del castrismo.

“Esto es un acto de justicia”, dijo el Obispo Auxiliar Emérito de Miami, Mons. Agustín A. Román, quien se refirió al P. Villaronga como “un muerto que sigue hablando. Cuando la gente pase por aquí, se acordará de él” y de los mandamientos que predicaba.

“Hialeah tiene un gran don, alcalde”, continuó el Obispo Román: “una casa dedicada a reconstruir familias, a crear familias saludables”.



May 12, 2005
El Padre Villaronga vivió y murió para acercar la familia a Cristo

El Obispo Auxiliar de Miami celebro misa en Casa Cana a los pocos dias del fallecimineto del Padre Villaronga y promuncio estas palabras que se publican aqui. (fotos de ese dia)

Agustín A. Román
Obispo Auxiliar Emérito

El 14 de abril llegaba a la Ermita de la Caridad una familia muy compungida y se acercaba al Padre Rector. Uno de ellos, un hombre trabajador y sincero, lloraba sin consuelo. Había sido quien, sin desearlo en modo alguno, había ocasionado el accidente automovilístico en que murió el P. Ángel Villaronga, y ahora se preparaba para encontrarse con su familia.

Dos días antes, el 12 de abril, nos había llegado en la noche la triste noticia de que el P. Ángel Villaronga había muerto en un accidente cuando conducía su automóvil en camino a la Casa Caná, en Hialeah. Se dirigía, como siempre, a predicar a los matrimonios del Movimiento Familiar Cristiano, institución que él había fundado en 1962 y que atendió cuidadosamente durante 43 años.

El P. Villaronga, fiel a la enseñanza de la Iglesia, estaba convencido de que la familia es una prioridad en el trabajo evangelizador, y por esto se gastaba en la atención a los matrimonios que buscaban la luz del Evangelio, que él les ofrecía ya en encuentros, misiones o conferencias, y en su atención personal a los que se le acercaban. Su lema era: “Un mundo mejor a través de una familia más feliz.” Él fue un ejemplo para todos nosotros en esta dedicación a la familia.

Este fraile franciscano era muy bien conocido en la Arquidiócesis de Miami, y en tantas otras partes donde proclamaba la Palabra de Dios. Durante la preparación del Sínodo de Miami, entre los años 1985 y1988, fue necesario realizar varias encuestas para conocer las diferentes opiniones, y recuerdo que el sacerdote más conocido entre todos nosotros era el P. Villaronga. Sus constantes programas a través de los medios de comunicación, especialmente en la radio, hicieron llegar el Evangelio a miles y miles de personas que buscaban a Dios y con él lo encontraban.

Este autentico franciscano predicaba la verdad del Evangelio con integridad y, al mismo tiempo, con el buen sabor de quien lo vive intensamente. En su familia, desde su nacimiento, había vivido la fe cristiana. Sus padres, siempre unidos a la Orden Franciscana, le pasaron el espíritu de Asís desde muy temprano y, muy temprano también, decidió seguir a Cristo hasta el sacerdocio en la misma familia de San Francisco. Estudió en Aránzazu, en las montañas del norte de España, y al ser ordenado sacerdote, el 17 de febrero de 1951, regresó a Cuba, donde ejerció su ministerio hasta la expulsión de los sacerdotes en 1961, año en que comenzó a ejercer su ministerio en esta Arquidiócesis de Miami.

Sólo Dios podrá contar los miles que se han convertido al oír su predicación. Muchos lo seguían en los retiros y misiones parroquiales y, entre tantos, los miembros de su familia, que lo acompañaron hasta su muerte. Al llegar al hospital ya había fallecido y tenía una mano cerrada. Al abrirla, encontraron que llevaba en ella un crucifijo, el mismo que pusieron en sus manos al exponer su cadáver en la parroquia de St. Michael. Ahora comprendemos aun mejor por qué había movido a tantos corazones con el sermón de la Pasión: meditaba en ella, como buen franciscano, en sus viajes. Hasta el viaje final.

Con el dolor de quien se separa de un ser querido, sus hermanos, sobrinos y familiares, al recibir el cadáver en la funeraria oraron juntos por su alma y también por quien había causado el fatal accidente. Y esa noche, cuando miles de fieles pasaban frente al cadáver del querido sacerdote y su familia recibía el pésame, llegó el Padre Rector de la Ermita, con este pobre hombre que, sin culpabilidad, se sentía culpable. Se acercaba apenado a la familia, que estaba reunida. Cuál no sería su sorpresa al producirse el “Encuentro de la Misericordia.”

Los hermanos, sobrinos y familiares del P. Villaronga se acercaron a él y lo abrazaron: le trataron con la caridad que se trata a un hermano. Lo consolaron y trataron de hacerle comprender que hay cosas que ocurren aunque uno no quisiera haberlas hecho. Todos se sorprendían de que quien pudiera haber sido censurado, fuera tratado con tanta caridad, ofreciéndosele el perdón.

Ahora este hombre, su esposa y su hijito se disponen a recibir el bautismo y a comenzar así su vida cristiana en la Iglesia. No conozco, entre las miles de familias que el P. Villaronga acercó a Cristo, cuál sería la primera. Sí estoy seguro que ésta fue la última. Murió para despertar a una familia que tal vez nunca hubiera encontrado a su Salvador.

El P. Villaronga vivió y murió para acercar las familias a Cristo en su Iglesia.


April 30, 2005
Miles de fieles lloran la pérdida del P. Villaronga

El sacerdote franciscano, fundador y director espiritual de la rama hispana del Movimiento Familia Cristiana, muere en un accidente automovilístico

Ana Rodríguez-Soto - The Florida Catholic (publicado por La Voz Católica)

“El mes de Abril ha sido muy duro, dijo un oyente de Radio Paz, la estación de la Arquidiócesis. “Perdimos al papa y ahora perdimos a Villaronga”.

Éste fue el sentimiento de la comunidad hispana de Miami cuando se supo la noticia de que el P. Ángel Villaronga, un franciscano de 79 años de edad, reconocido por sus conmovedores sermones y por sus cuatro décadas de trabajo con parejas casadas, había muerto como consecuencia de un accidente automovilístico al anochecer del 12 de abril. Su auto fue golpeado por el de un conductor que rebasó la luz roja.

El P. Villaronga había conmovido a miles de personas con sus prédicas, y miles de personas acudieron a darle el último adiós al sacerdote que, aunque retirado, nunca había dejado de trabajar.

Más de 600 personas se reunieron el 13 de abril en la Misión Alta Gracia, en Wynwood, para asistir a la Misa celebrada en memoria del P. Villaronga por el equipo de Radio Paz, que trasmitía sus emotivos sermones los Viernes Santos, así como su cotidiano programa “Conflictos Humanos ”.

Cientos de otras personas formaron una larga fila al día siguiente para decir adiós a sus restos, en una cadena humana que daba la vuelta a la iglesia St. Michael, hasta llegar a la calle Flagler. En la mañana del 15 de abril, casi 1,800 personas abarrotaron la iglesia para asistir a la Misa concelebrada por el Arzobispo John C. Favalora y decenas de otros sacerdotes de la Arquidiócesis.

En la Misa, el Obispo Auxiliar retirado Agustín Román recordó al P. Villaronga como “un humilde fraile que predicaba con el fervor de los santos”, y que murió como vivió: apretando un crucifijo, mientras iba a impartir su enseñanza mensual a un grupo de parejas casadas. name="MARGIN: 0in 0in 0pt; TEXT-INDENT: 8.65pt" class="MsoNormal"> El pequeño crucifijo, que le encontraron dentro de la palma de una mano después de transportarlo al hospital, fue enterrado con él.

El Obispo Román dijo que el P. Villaronga “se quemaba por la salvación de las almas”, y predijo que hasta su último acto terrenal serviría para “despertar la fe” en el conductor del auto que lo impactó —un hombre profundamente entristecido por el accidente, que acudió la noche anterior al velorio para expresar se pesar a los familiares del P. Villaronga.

“La persona no es practicante, pero estoy seguro que el Padre le hará ser practicante”, dijo el Obispo Román.

El segundo de seis hermanos, dos de los cuales murieron en la infancia, el P. Villaronga nació en Galicia, España, el 15 de septiembre de 1925. Se mudó a Cuba con su familia cuando tenía cinco años de edad, pero sus padres, profundamente devotos, le permitieron regresar a España a la edad de 13 años, en plena guerra civil española, para ingresar en la Orden Franciscana. No volvería a ver a su familia hasta unos pocos meses después de su ordenación, que tuvo lugar el 17 de febrero de 1951.

“En mis sueños de niño, nunca soñé verme amado por una mujer, ni tener unos hijos que me llamaran papá. Soñé con vestir un hábito de misionero como mis tíos; me veía celebrando la Misa y en las cosas de Dios,” dijo el P. Villaronga a La Voz Católica en una entrevista realizada en febrero de 2001, con motivo del 50º aniversario de su ordenación sacerdotal.

En 1953 regresó a Cuba, donde trabajó como consejero nacional de los jóvenes que participaban en el Movimiento de Acción Católica, y como director nacional del Movimiento Familia Cristiana. En 1961, el gobierno comunista lo expulsó de Cuba, y el P. Villaronga llegó a Miami, donde comenzó a trabajar en el Centro Hispano Católico, ayudando a los refugiados cubanos recién llegados.

En 1963, después de un accidente automovilístico que lo tuvo hospitalizado durante seis meses, fue asignado al apostolado hispano de la diócesis, con el fin específico de poner en marcha una rama hispanohablante del Movimiento Familia Cristiana, de la que sería director y asesor espiritual durante los próximos 42 años, durante los cuales predicó de manera sistemática sobre la necesidad de crear familias fuertes y estables como base de la sociedad.

“Cuando se paraba en ese podio [para predicar], se transformaba”, dijo Marilyn González, integrante del movimiento durante los últimos cinco años; como cientos de otras personas, González agradece al P. Villaronga la salvación de su matrimonio.

Sus poderosas palabras y sus vívidas imágenes hacían llorar a los hombres “machos” y “tocaban los corazones de todo el mundo”, dijo González, quien añadió que los miembros del movimiento, tan acostumbrados a la presencia constante del P. Villaronga, “se sienten desamparados. Pero nuestra misión consiste ahora en mantener vivo su sueño”.

Aunque se retiró oficialmente en 1996, el P. Villaronga nunca dejó de predicar. Todos los fines de semana concelebraba Misa en dos parroquias: St. Raymond, en Miami, y San Lázaro, en Hialeah; mantuvo su trabajo radial y nunca faltó a un Encuentro de fin de semana para parejas: un total de 226 durante los últimos 42 años.

“No me voy a retirar,” dijo a La Voz en aquella entrevista de 2001, “porque la palabra de Dios no está encadenada y siempre habrá algún micrófono para decirla.”

Sobreviven al P. Villaronga su hermano José Luis, su cuñada Joaquina, su hermana Vicky Rezola, y casi dos docenas de sobrinos, sobrinas y sobrinos-nietos. Su sepelio tuvo lugar en la sección para sacerdotes del Cementerio Our Lady of Mercy, en Miami


April 13, 2005
El Cielo ha Ganado un Angel
Hola amigos, siempre nos dirigimos a Uds. para anunciar nuestras reuniones, o para anunciar charlas o actividades de Casa Caná, pero en esta ocasión nos dirigimos a Uds. para confirmar lo que ya muchos han escuchado o visto en las noticias.

Anoche esperábamos al Padre Villaronga en Casa Caná para escuchar su charla sobre el Papa Juan Pablo II,pero nunca llegó.

Salimos a buscarlo por la ruta por donde el siempre transitaba y lo único que encontramos fue su vehículo completamente accidentado en una esquina de Miami y al mismo tiempo una llamada telefónica avisándonos que estaba en el centro de trauma del Hospital Jackson.

Todos corrimos hacia allá, nunca el camino se nos había hecho tan largo, y al observar las condiciones en que estaba su vehículo al pasar al lado de él cuando íbamos en camino al hospital, la esperanza se hizo pequeña. Al llegar al hospital nos llevaron a una sala privada y la noticia que no queríamos escuchar se hacía más evidente. Cuando el médico nos comunicó que el Padre había fallecido nuestra actitud fue de incredulidad, era cierto o era una pesadilla?

Ahora, nos despertamos con el mundo girando igual que siempre pero con un gran vacío, con nuestro corazón pesado y nuestras manos tratando de agarrarnos de algo para no caer. Pero estamos seguros que el Padre, desde el cielo, donde siempre ha tenido un lugar reservado, estará intercediendo por nosotros para poder nosotros encontrar esa fuerza donde no la hay, para poder consolarnos con la alegría de saber que ya está allá, en la presencia de Dios, viviendo la vida eternamente feliz. Se ha encontrado al fin cara a cara con su creador, se habrá encontrado con la Madre, la Virgen María a quien tanto veneraba, se habrá encontrado con el Papa Juan Pablo II, con su santo San Francisco de Asís, y con tantos otros santos más, como él. Tendrá esa sonrisa peculiar que nunca olvidaremos y será premiado por el maravilloso trabajo que hizo durante toda su vida, vida que entregó completamente a Dios.

Esta madrugada, al salir del hospital, regresamos a Casa Caná, y Casa Caná ya no era la misma, ni lo será. El Padre Villaronga no caminará esos pasillos, ni hablará a través de aquél micrófono, ni ofrecerá otra misa en aquél altar, pero la huella que el hizo en nuestras vidas si prevalecerá, porque nos cambió el rumbo, nos afianzó en nuestra fe cristiana, nos alimentó espiritualmente, nos permitió casi tocar a Dios con nuestras manos, nos permitió ver el rostro de Dios con nuestro pensamiento cuando su lengua, tocada divinamente, meditaba, y por qué no decir, declamaba versos del alma para el alma.

Hay tantas cosas que podemos decir sobre el Padre y su impacto en nuestras vidas, pero en este momento, el dolor y las lágrimas no nos permiten seguir haciéndolo. Ya habrá mucho tiempo para hablar más del Padre Villaronga, pero de hablar con nuestro ejemplo, con nuestra actitud, con nuestro trabajo y sacrificios por nuestro Señor.

Oremos todos por el alma del Padre Villaronga, y consolémonos con saber con seguridad que el cielo ha ganado un ángel: el Padre Ángel Villaronga.

Que Dios bendiga el alma del Padre Villaronga y nos bendiga a todos nosotros.

Sus hermanos e hijos en Cristo
Movimiento Familiar Cristiano

February 25, 2001
El P. Angel Villaronga lleva 50 años entregado a la Palabra de Dios

El P. Angel Villaronga lleva 50 años entregado a la Palabra de Dios
Araceli M. Cantero La Voz Católica

MIAMI—Al contemplar su medio siglo de  vida sacerdotal,  el padre Angel Villaronga no puede menos que entonar un himno de gratitud al Señor. Lo hizo ante las más de 1,000 personas que le rindieron tributo –honor a quien honor merece.  Y lo hizo con la palabra, la poesía y también cantando. “Todo lo poco que soy yo te lo ofrezco", repitió varias veces, tomando palabras de la canción litúrgica. "Todo lo que pude ser y que no he sido… lo pongo en tus manos inmensas pidiendo perdón", cantó al  finalizar un  homenaje en el aniversario de su ordenación sacerdotal, el 17 de febrero.
 
El acto fue organizado por el Movimiento Familiar Cristiano al que el fraile franciscano ha dedicado sus energías, su salud, su vida entera. "Todo es gracia", les dijo recordando la frase del cura de aldea en la obra del escritor francés Georges Bernanos. “Todo ha sido para mí gracia de Dios” insistió mientras relataba  el ‘rosario’ de los eventos de su vida. El padre Villaronga dio las gracias a Dios por haberle elegido para ser sacerdote y seguidor de San Francisco de Asís, "el santo más parecido a Jesús". Y por haber llegado "a este país hace 50 años y estar hoy entre tanta gente… es gracia de Dios," volvió a decir.

"Pero lo más importante es que  hace 50 años Cristo vino a mi vida por la palabra sacerdotal," dijo invitando a todos a acudir a una Misa aniversario el domingo 25 de febrero a las 4 de la tarde en la Iglesia de San Juan Bosco. "Sea triste mesa sin Misa," les dijo a quienes habían acudido al almuerzo de gala.  Ante todos dio gracias por su ‘vuelta a la vida’, después de un accidente automovilístico en 1963 del que hoy sufre las consecuencias. Y recordó la  profunda fe de su familia y de sus padres quienes, aunque aquel 4 de marzo del 1939 Europa estaba en guerra, permitieron que su hijo de 13 años partiera para España para iniciar su formación franciscana.
El viaje fue en el barco Orinoco y debido a la guerra civil española los barcos no podían tocar puerto en España. Entraron por Lisboa y por 40 días esperaron salvoconducto en un monasterio franciscano. Sin conseguirlo, estaban ya a punto de ser repatriados  cuando cayó Madrid bajo el gene-ralísimo Francisco Franco lo que les permitió cruzar la frontera y llegar al santuario franciscano de Aránzazu en el norte .
 
Allí, entre 60 jóvenes vascos y una comunidad de 120 religiosos, el muchacho cubano vivió el hambre de la posguerra española, cursó la filosofía y teología, estudió música y curtió su espíritu. Pudiera decirse que sus años entre las frías montañas de Aránzazu tienen algo que ver con la reciedumbre y porte austero de este sacerdote que reconoce que le cuesta sonreír,  pero a quien no le falta el sentido del humor.  “No me enseñaron a sonreír de pequeño y eso no se aprende fácilmente…además  no tengo una dentadura  Colgate", bromea al subrayar su amor a la verdad sin rodeos. "Decir la verdad no es algo agradable, pero yo no he nacido para eso del oportunismo", señala. 

Nacido el 15 de septiembre de 1925 en Villagarcía de Arosa, en Galicia, España, el segundo de seis hermanos, su padre emigró a Cuba y ya con trabajo, llevó después a su familia. El joven Angel tenía 8 años y sin más se incorporó a la parroquia de San Francisco en La Habana Vieja, como monaguillo y parte del coro. Recuerda que "en mis sue-ños de niño, nunca soñé verme amado por una mujer, ni tener unos hijos que me llamaran papá. Soñé  con vestir un hábito misionero como mis tíos; me veía celebrando Misa y en las cosas de Dios".  

Ordenado sacerdote a los 25 años, no contó con el calor de la familia en ese día debido a la distancia con Cuba. Le destinaron a Roma a doctorarse y antes de partir sus padres viajaron para su primera Misa el 27 de mayo en el pueblo natal gallego. Fue entonces que vio por primera vez a su hermana pequeña, Vicky que ya tenía 10 años. Pero el destino a Roma  se cambió por Washington. Algo que no se cumplió por un cambio de provincial para quien "estudiar era un lujo". Y el padre Villaronga regresó a La Habana donde fue organista en la Iglesia de San Antonio de Miramar y pronto cobró fama de predicador de retiros y del Sermón de las Siete  Palabras en Semana Santa. Estuvo al frente de la Juventud Estudiantil Católica (JEC) y se inició en el Movimiento Familiar Cristiano al que ha dedicado su vida. Ha conocido a cinco Papas,  ha vivido en carne propia los cambios del Concilio Vaticano y ha llevado 32 peregrinaciones a Tierra Santa constatando "el gran impacto que la visita es para la gente". Puede decir que en medio siglo "he visto nacer y derrum-Viene de la página 17 barse naciones, y he visto el derrumbamiento moral de la sociedad". Pero sobre todo conoce desde dentro como todo ello ha impactado a la familia "a la que  más que nunca hay que salvar". Está convencido de que "hay que trabajar para  crear con-ciencia en la familia para que tome en serio su hogar y no prescinda de Dios". Desde su experiencia les dice a los matrimonios que cuiden la comunicación, que busquen tiempo y lugar para hacerlo y el apoyo de una comunidad, grupos de matrimonios que comparten los mismos valores. Es la esencia del apostolado familiar que él mismo ayudó a fundar en Miami dos años después de su salida forzada de Cuba.

Aún se recuperaba del accidente de carro, en 1963, que le mantuvo 8 meses en el hospital, cuando Mons. Johh Fitzpatrick , entonces al frente del apostolado hispano, le dio la noticia. Desde entonces el Movimiento Familiar Cristiano  ha realizado  207 Encuentros Familiares por los que han pasado unos 6,300 matrimonios. Ha surgido Casa Caná como lugar de encuentros y actividades y "toda esa gente necesita seguimiento, y con-sejería", dice. Por  ello, aunque el padre Villaronga está oficialmente ‘jubilado’ dice que trabaja más que nunca. Y a pesar de los contratiempos con su salud subraya que "por mi parte no me voy a retirar…porque la palabra de Dios no está encadenada y siempre habrá algún micrófono para decirla". Como buen predicador que teje la palabra con las imágenes, echa mano de una parábola para transmitir sus sentimientos y habla de una tinaja vieja y resquebrajada  que le pide a su aguador que la cambie porque "mi agua se va cayendo por el camino". El sabio aguador le invita a la tinaja a que se fije en el sendero cuajado de flores. "No estaban antes, le dice. Conociendo tu situación fui sembrando semillas y florecieron  con el agua de tu tinaja. Tú no eres inútil para mi poder de hacedor"




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